13.7.07

segunda escena


“Cada vez que ladran los Perros”
Fabio Rubiano Orjuela


Segunda escena./RISA

PERRO: Llegaron, abuelo.¿Es la guerra? Ya los cuentos no funcionan. Están liberando a los enjaulados, mataron a los guardias, a los amos, acabaron con sus mujeres y sus concubinas, quemaron el prostíbulo y se comieron viva a a madama. Con herramientas: trinches y cuchillos. Con fuego. Los vi. Cantan, aúllan. No como nosotros, no lo hacen bien. No saben caminar en cuatro patas, sólo en dos. Exhiben sus testículos al aire pero no alcanzan a lamérselos: pierden las apuestas; les duele el lomo, lo intentan de nuevo, no alcanzan. Los vi. No existe Cerbero ni Anubis ni ningún perro de siete cabezas que nos cuide. Sólo estamos nosotros... y ellos. ¿Qué son abuelo, qué son? Se parecen a los amos y a veces se comportan como nosotros. Van a venir y nos van a quemar como a los demás. Tengo miedo. Me dijiste que los perros no sentíamos miedo, pero no puedo detener el temblor de las patas traseras. Mira, mira, me estoy orinando y no es para marcar mi territorio. Es la forma que toma el pánico. Me estoy derritiendo. No quiero ser perro. ¿De qué sirve tanto pelo si estoy muerto de frío?, me traspasa la piel. Mis dientes son filudos pero ya no sé morder. Quiero aullar, es lo único que me queda. Aullar como las putas de la madama cuando las emboscaban y les arrancaban la piel a manotazos. Lo vi. Ninguna tenía pelo, solo tienen dos tetas y no ocho como mamá. No tienen cola. Siempre había creído que la mujer del amo guardaba su cola debajo del vestido, pero no. No tienen. A la más joven le quitaron la ropa y le tiraban pedazos de comida para que los atrapara en el aire, pero no podía, los recogía con la mano y se los llevaba a la boca. Ellos reían. ¿Cómo es reirse, abuelo? ¿Esto? ¿Esto? ¡No! Son muecas para dar miedo, de dolor o de rabia. No risa. La risa de ellos es imbécil.
VIEJO: Movemos la cola.
PERRO: Sí, o saltamos como sapos, como gallinas, como monos. Al perro de la madama lo patearon y se quedó quieto, enroscado como una serpiente, miraba desde el piso y esperaba a que hicieran con él lo que quisieran. No se defendía: como las vacas con el fuego, que se dejan quemar sin moverse. ¿Sabes qué hicieron, abuelo? ¿Quieres saber? Le acariciaron la cabeza y le ofrecieron comida y él batió la cola, o sea que se rió, y ellos rieron, y comenzaron a patearlo nuevamente; cuando quiso correr las patas no le servían, se arrastraba o volaba de un lado a otro por las patadas. Dejó de chillar. Otra vez se quedó quieto. Pero estaba vivo. Lo vi. Cerbero no existe, abuelo. Miré hacia todos lados, esperando que llegara para conducirnos a todos de camino al infierno, y no llegó. Cuéntame una historia, abuelo. Una verdadera, quiero saber si hay un perro que pueda defenderse de dos o diez seres que fueron perros y poco a poco se están volviendo no sé qué cosa. ¿Hombres? O... ¿ya eran hombres?
VIEJO: No es el momento...
PERRO: ¿Qué eran?
VIEJO: Perros. Eran perros.
PERRO: Quiero morir antes de volverme así.
VIEJO: Es bueno ser perro.
PERRO: Aquí no es bueno. Sé que, si me ofrecen comida después de matarte, voy a mover la cola. Aunque yo no quiera, ella se va a mover de alegría; entonces se van a reír y me patearán. ¿Cuándo se me olvidó morder? Si mis antepasados fueron chacales y mordían, ¿por qué yo no? ¿Para qué los dientes? Sólo para masticar sobras, para pescar huesos podridos entre la lavaza. Es eso lo que me queda, ya no corro tan rápido y siento cosas que no sentía: asco de olfatearte el culo para reconocerte, vergüenza de montar a una perra si otros me observan. Ayer una perra en celo era perseguida por otros cuatro perros. Supe que estaba en celo por eso, porque la perseguían, y no porque sintiera su olor. Tengo miedo de no reconocerte y romper las reglas atacándote... Miedo de que se me olvide que los perros adultos no hacemos daño a los cachorros ni peleamos con las hembras.
VIEJO: Con el tiempo te volverás como ellos y no recordarás nada de lo que dices ahora.
PERRO: No quiero caminar en dos patas ni manejar el fuego.
VIEJO: Se te olvidará ladrar.
PERRO: Hace rato que no puedo hacerlo. ¡Ah!, ¡ah!, ¡ja!, ¡ja! ¡No puedo! Me comienzan a salir dedos. Mira, ya casi sin pelo, tengo la lengua más corta, Salgo a que me pateen. Lo vi. Quedar inerte. Un perro muerto sucio de tierra, Hinchándose por el sol. Es mejor terminar así que terminar erguido, matando y riéndose con los dientes. Voy para allá.

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